Otra gran (e innecesaria) aventura de Indy

En un mundo donde cualquier cosa se considera un spoiler, hasta escribir el título de esta reseña resulta complejo. Mal que mal, estamos hablando de uno de los más queridos héroes nacidos en los 80. Poseedor de una imagen icónica y una melodía tan característica que cualquier persona la puede tararear de memoria. El doctor Henry Jones Junior vuelve a la pantalla grande 15 años después de su última aventura y todos los fanáticos de la saga esperan con ansias saber qué le depara el futuro.

Parto esta reseña con una declaración: Adoro estas películas. Y estoy en el barco de los que creen que ver a Indiana, su padre y sus más queridos amigos caminando hacia la puesta de sol al final de «La última cruzada» era el final perfecto para sus aventuras. Pese a lo anterior, siento que «El reino de la calavera de cristal», que vino 19 años después, ofrecía una aventura significativa, que ponía al héroe en un nuevo lugar y con desafíos más grandes que solo la arqueología por delante. Es por lo anteriormente descrito que este nuevo viaje, que por primera vez no tiene a Steven Spielberg en la dirección, representaba muchas incógnitas al momento de desarrollarse. ¿Qué más le podemos pedir a un ya octogenario Harrison Ford encarnando al querido Indy?

«El dial del destino» se encarga rápidamente de plantear el escenario. De manera nada sutil entendemos que Indiana está solo. Terminando sus últimos días como profesor universitario y en pleno proceso de divorcio con su esposa Marion. Se ha transformado en un viejo gruñón al que los años le pesan y parece solo querer quemar las horas de cada día. Sin embargo, toda esta monotonía se rompe con la llegada de su ahijada Helena (una brillante Phoebe Waller-Bridge), quien lo saca de su aparente retiro aventurero para involucrarlo en la búsqueda del dial.

Cada minuto que pasa en esta película se siente como un homenaje a las originales. La acción está muy bien desarrollada, el humor funciona y el CGI para rejuvenecer o hacer deepfake al rostro de Harrison Ford está bastante bien. Sin embargo, nada de lo que ocurre en pantalla parece justificar estas nuevas andanzas. Sí, es verdad que no hay ningún reproche a la aventura ni a sus personajes. Sí, es cierto que James Mangold conduce de manera más que correcta la narrativa de la historia y sí, el elenco está a la altura del desafío, pero nada de lo anterior parece ocultar que estamos frente a un héroe cansado que ya nos entregó sus mejores momentos en pantalla.

Pero tal vez, detrás de toda la parafernalia de explosiones y persecuciones solo existe una historia sobre envejecer y llegar a ese momento en que la vida ya no te regala nada, sino que solo empieza a quitarte cosas y debes aprender cómo lidiar con esas pérdidas. Quizás por esa razón esta historia se siente innecesaria, porque no estamos acostumbrados a ver a nuestros héroes sufriendo en un mundo que ya no pueden reconocer del todo.

Entonces, ¿cómo recordaremos esta película? Por ahora es difícil porque al igual que con “El reino de la calavera de cristal”, la sensación de que no había necesidad es demasiado fuerte, pero al mismo tiempo, tenemos a nuestro Indiana Jones, ese que aunque siguen pasando los años, se niega a dejar el sombrero.

Por Keno Gallardo